El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener los tipos de interés en el 2,25% durante su reunión del 23 de julio de 2026. Sin embargo, la presidenta de la entidad, Christine Lagarde, ha indicado que es posible un aumento en la próxima reunión programada para el 10 de septiembre. Esto se debe a las expectativas de un repunte de la inflación asociado a la prolongación del conflicto en Irán.
Durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno, Lagarde mencionó que algunos gobernadores del BCE habían propuesto elevar los tipos de interés en la reunión actual, aunque finalmente se llegó a un consenso para esperar a nuevos datos económicos antes de tomar una decisión. El BCE está evaluando el impacto de la crisis energética y el conflicto en Irán, aunque hasta ahora no se han observado efectos de segunda ronda en la inflación.
Lagarde afirmó que "los riesgos para las perspectivas de inflación apuntan al alza" debido al agravamiento de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán y su potencial efecto en los precios energéticos. Además, advirtió que la alta cotización del petróleo podría provocar un incremento en la inflación general a través de efectos indirectos y de segunda ronda, aunque actualmente no hay evidencia de que estos efectos se estén materializando.
El BCE considera que mientras los precios de la energía permanezcan altos, la probabilidad de un impacto inflacionario aumentará. Lagarde subrayó que se ha seguido el método acordado para abordar un choque de esta índole, con el objetivo de comprender su intensidad y duración.
La presidenta del BCE también confirmó su intención de continuar en el cargo hasta el año 2027, descartando cualquier posibilidad de dimitir antes de las elecciones en Francia.
Contexto: Desde la crisis económica de 2008, el BCE ha utilizado diversas herramientas para estabilizar la economía de la eurozona. La inflación ha sido una preocupación constante, especialmente en tiempos de crisis energética y conflictos geopolíticos. El BCE ha mantenido una política monetaria expansiva durante años, y la reciente tensión en Irán y la subida de los precios del petróleo han añadido presión sobre sus decisiones. La situación en la eurozona es delicada, con incertidumbres que afectan a la recuperación económica y al bienestar de los ciudadanos europeos.