La semana pasada, los mercados europeos alcanzaron nuevos máximos históricos, gracias a un renovado apetito por el riesgo y a la moderación de las expectativas inflacionistas. Este cambio se produjo tras el alivio de las tensiones geopolíticas entre EE.UU. e Irán, que permitió una corrección significativa en el precio del petróleo.
El barril de Brent se estabilizó en torno a los 70-72 dólares, un nivel similar al que se registraba antes del aumento de las tensiones militares, eliminando gran parte de la prima de riesgo geopolítica acumulada en meses recientes. Este descenso se debe también a una mejora en las exportaciones de Oriente Medio y un aumento en el suministro global.
Los inversores, atentos a los acontecimientos, han comenzado a disminuir la probabilidad de futuras subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, en respuesta a datos macroeconómicos que indican un enfriamiento en el mercado laboral estadounidense. El Banco Central Europeo (BCE) también enfatizó un enfoque dependiente de los datos durante el reciente Foro de Sintra.