Las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con el uso de aire acondicionado han aumentado drásticamente, alcanzando más de 1.000 millones de toneladas en 2022, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Este incremento se ha visto acompañado por un aumento en el consumo eléctrico, que en 2018 representaba casi el 20% del total en edificios a nivel mundial. La situación es especialmente grave en áreas urbanas, donde el fenómeno de la isla de calor se intensifica.
Frente a este desafío, París ha implementado un innovador sistema de aire acondicionado centralizado conocido como Fraîcheur de Paris. Este proyecto incluye una red de 120 kilómetros de tuberías subterráneas que transportan agua fría, con temperaturas entre 2 y 4 °C, a aproximadamente mil edificios conectados. La infraestructura permite que el calor se absorba mediante un intercambiador, optimizando la eficiencia energética del sistema.
Utilizando el agua del río Sena como sumidero térmico, el sistema no solo enfría los edificios en verano, sino que también aprovecha las temperaturas del río en invierno, minimizando el consumo eléctrico. Para gestionar la demanda, se acumula frío durante la noche, utilizando hielo, lo que permite liberar este frío en las horas más calurosas del día, mejorando la eficiencia y reduciendo costos operativos.