La situación económica en Cuba se ha deteriorado significativamente, con problemas de escasez de alimentos y medicamentos, así como cortes de electricidad prolongados. Este escenario se ha visto agravado por las sanciones impuestas por Donald Trump, que llevaron a la empresa Sherritt International a cerrar sus refinerías de níquel en marzo de 2026 y anunciar su retirada definitiva de la isla el 15 de mayo.
La administración estadounidense considera que esta crisis es temporal y busca presionar para una eventual liberalización de la economía cubana tras la caída del régimen comunista. Sin embargo, el 51 % de los cubanoamericanos encuestados por el Miami Herald mostró disposición a invertir en Cuba solo si el régimen actual es derrocado, reflejando una fuerte desconfianza hacia el gobierno de los Castro y sus aliados.
La posibilidad de que Trump logre un acuerdo con el poder actual o apoye a un político de menor rango es incierta. La inversión en Cuba por parte de la diáspora, que muchos consideran un deber, dependerá en gran medida de los cambios políticos en la isla.