La competitividad de Europa en comparación con Estados Unidos ha cobrado importancia en la agenda política, dejando atrás el ámbito académico. Desde 2024, las instituciones europeas han solicitado dos informes de referencia, conocidos como los informes Draghi y Letta, destinados a identificar reformas clave para revitalizar la economía de la Unión Europea. Un aspecto crucial que se destaca en estas investigaciones es la función del sistema financiero en el crecimiento económico.
Investigaciones de académicos como Robert King y Ross Levine han demostrado que existe una conexión significativa entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico. Si esta correlación es válida, se deduce que fortalecer el sistema financiero europeo es esencial para recuperar la competitividad que se ha perdido en los últimos años.
La economía europea, sin embargo, se caracteriza por su fuerte dependencia de la banca. Mientras que en Estados Unidos los mercados de capitales son la principal fuente de financiación empresarial, en Europa, entre el 70% y el 80% de los recursos externos de las empresas provienen de entidades bancarias. Esta diferencia estructural se traduce en que, en 2025, los activos bancarios de Europa representaban aproximadamente 2,5 veces el Producto Interno Bruto (PIB) de la Unión Europea, en contraste con menos de una vez el PIB de Estados Unidos.
Europa se ajusta, por tanto, al modelo de una economía orientada a la banca, mientras que Estados Unidos se presenta como el paradigma de un sistema orientado al mercado. Ante este contexto, surge la pregunta sobre si el sector bancario europeo puede convertirse en un eje estratégico para mejorar la competitividad del continente.
La respuesta a esta interrogante no es sencilla. Aunque es evidente que la concesión de crédito puede estimular la economía a corto plazo, la creación de un mercado de capitales integrado es fundamental para fomentar la producción a largo plazo. Los datos económicos reflejan la considerable brecha existente entre Europa y Estados Unidos en términos de indicadores como el PIB por hora trabajada o el PIB per cápita. Actualmente, el PIB por hora trabajada en la economía estadounidense supera los 80 dólares, mientras que en la zona euro se sitúa por debajo de 72 dólares.
Contexto: La pérdida de competitividad de Europa ha motivado una serie de iniciativas políticas y económicas en los últimos años. La Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) han estado trabajando en reformas para fomentar un entorno más favorable para la inversión y el crecimiento. La dependencia de la banca en el modelo económico europeo ha sido un tema recurrente, y las instituciones buscan formas de diversificar las fuentes de financiación, impulsando el mercado de capitales para equilibrar la diferencia con el modelo estadounidense.