La industria manufacturera de la Unión Europea (UE) está experimentando un continuo descenso en su participación en el producto interior bruto (PIB), pasando del 19,7 % en 1991 al 14,3 % en 2024, según datos del Banco Mundial. Este declive plantea preocupaciones sobre la competitividad de Europa frente a otras economías avanzadas en sectores clave.
Para revertir esta tendencia, un informe del economista Mario Draghi sugiere que la UE requiere entre 750.000 y 800.000 millones de euros anuales en inversiones adicionales, lo que representa cerca del 4,4 % al 4,7 % de su PIB. Estas inversiones son esenciales para aumentar la productividad y fomentar la innovación en un contexto de transición ecológica.
Además, la industria europea enfrenta costes energéticos significativamente más altos en comparación con competidores en otras regiones, lo que afecta especialmente a sectores con gran demanda de energía, como el acero y el cemento. La creciente dependencia de cadenas de suministro externas para tecnologías clave, como paneles solares y baterías, añade otra capa de incertidumbre a la situación actual.