A pesar de los avances en inteligencia artificial (IA) que han optimizado la velocidad y el coste del análisis financiero, persiste el behavior gap, que refleja la discrepancia entre la rentabilidad del mercado y la que obtienen los inversores debido a sesgos conductuales. Esta brecha se mantiene constante a lo largo de los años, planteando un desafío para los gestores de fondos.
Markus Schuller, fundador de Panthera Solutions, destacó en la I edición de El Día del Portfolio Builder, celebrado el 13 de mayo, que el verdadero reto radica en la correcta integración de la IA en los procesos de inversión. Según Schuller, es crucial encontrar un equilibrio entre el gestor y la máquina para evitar la pérdida de valor. “Si calibras mal la relación, puedes destruir más valor del que creas”, advirtió.
La llegada de la IA generativa ha acelerado la disminución de costes de acceso a información financiera, permitiendo resolver análisis complejos en minutos. Sin embargo, Schuller advierte que contar con más datos no garantiza mejores decisiones. Además, integrar tecnología sin considerar los sesgos conductuales puede amplificarlos, en vez de mitigarlos, lo que podría resultar en decisiones de inversión perjudiciales.