El déficit en la inversión en infraestructuras ha alcanzado un punto crítico en España, mostrando una tendencia preocupante en el mantenimiento de los activos productivos del país. Según un análisis realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA, en 2024 el valor de las infraestructuras viarias y ferroviarias en España se situó un 2% por debajo de los máximos alcanzados en 2015 y un 0,4% inferior a los de 2016.
Los expertos advierten que, aunque se logre mantener la inversión en transporte, el crecimiento poblacional acelera el deterioro de estas infraestructuras. España, que contaba con aproximadamente 44,7 millones de habitantes antes de la crisis de 2007, se aproxima ahora a los 50 millones, lo que implica un aumento de cerca de 5 millones de personas que utilizan estas redes. Asimismo, el parque de vehículos ha crecido de 30 millones a más de 37 millones en los últimos 19 años.
En mayo, la patronal Foment del Treball resaltó el déficit de inversión en infraestructuras en Catalunya, indicando que se requieren 60.000 millones de euros para alcanzar la media de inversión europea y para cubrir la depreciación de sus carreteras y la red de trenes. En Europa, se destina, de media, el 2,2% del PIB anualmente a la renovación o construcción de nuevas infraestructuras, mientras que en Catalunya este porcentaje no se ha alcanzado en los últimos 15 años, excepto en 2009, lo que ha resultado en una falta de inversión de 49.000 millones de euros.
La investigación también destaca que recortar gastos en infraestructura se percibe como una decisión de menor coste político en comparación con recortes en otros sectores públicos, como la sanidad o la educación. Este fenómeno es una consecuencia directa de la crisis económica que comenzó en 2007, que ha llevado a una disminución en la inversión necesaria para mantener la infraestructura adecuada en el país.
Los expertos sugieren que, para adaptarse a la creciente demanda, es indispensable ampliar las infraestructuras existentes. La falta de inversión sostenida ha llevado a un deterioro considerable que podría afectar la calidad de vida de los ciudadanos y la eficiencia del transporte en general.
Contexto: A lo largo de los últimos años, España ha enfrentado serios desafíos en la modernización y el mantenimiento de sus infraestructuras, especialmente tras la crisis de 2007. Las inversiones en este sector son fundamentales para asegurar el crecimiento económico y mejorar la conectividad del país. Con un aumento constante en la población y el número de vehículos, es urgente que las autoridades prioricen la inversión en infraestructuras para evitar un colapso en el transporte y garantizar un desarrollo sostenible en el futuro.