La Agencia Tributaria se enfrenta a su crisis más grave en más de diez años, tras la inminente salida de su directora general y otros dos altos cargos. Esta situación se produce en un contexto de creciente tensión y cuestionamiento de la autonomía del organismo, señalado por episodios recientes que sugieren injerencias políticas en su funcionamiento.
Desde 2013, cuando una regularización a la cementera mexicana Cemex llevó a una ola de dimisiones, no se había vivido una situación tan crítica. Aunque el Ministerio de Hacienda intenta presentar estos cambios como parte de un plan acordado, la percepción interna es de desánimo y preocupación. Ex directores y funcionarios, que han hablado bajo anonimato, indican que el deterioro institucional estaba destinado a afectar a la Agencia.
Las declaraciones de un antiguo alto cargo resaltan el clima de crisis: «Nunca habíamos vivido nada igual». La reputación del organismo está en entredicho, y el futuro de su liderazgo se mantiene incierto en medio de estos acontecimientos.